Palabras del Obispo Electo

a todos los diocesanos

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Cuando ya han pasado más de veinte días desde que el pasado 29 de Junio se hizo público que Su Santidad Benedicto XVI ha tenido a bien nombrarme Obispo de la Sede Episcopal de San Cristóbal de La Laguna o Nivariense (Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro).

Cuando ya habéis tenido tiempo de conocer la emotiva carta de despedida que nuestro querido Obispo, D. Felipe Fernández García, nos dirigió al hacerse público –al mismo tiempo que mi nombramiento- que el Santo Padre aceptaba su renuncia por razones de salud;  carta en la que hace una valoración tan positiva de mi persona que, aparte de sonrojarme, refleja más la benevolencia y el cariño que D. Felipe me tiene que mis propias cualidades.

Cuando ya nos vamos sobreponiendo a la sorpresa que ha supuesto mi imprevisible nombramiento y después de haber recibido innumerables felicitaciones, me dirijo, en estos momentos, a todos los diocesanos para expresarles brevemente mis sentimientos, e invitarles a orar y a estar bien dispuestos para acoger desde la fe al que, a partir del cuatro de septiembre, será vuestro Obispo Bernardo.

Ante todo, doy gracias a Dios, “que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia” (Gal 1,15), primero a ser su hijo en Cristo, más tarde al ministerio presbiteral y ahora a la plenitud sacerdotal en el episcopado. Espero, con la ayuda de Dios y de todos vosotros, no defraudar “a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio” (1Tim 1,12).

También, con estas primeras letras, quiero invitarles a dar conmigo gracias a Dios por el regalo que ha hecho a nuestra Diócesis con el episcopado de D. Felipe Fernández García que, por inescrutables designios de la Divina Providencia, después de 14 años de intensa actividad apostólica, en actitud de generosa y ejemplar entrega, debe interrumpir su ministerio al servicio de esta Iglesia Nivariense por razones de salud. Pidamos también para él, que, en la tribulación que padece por la cruz que le ha tocado llevar, el Señor le bendiga y le colme de gozo espiritual.

El domingo, 28 de agosto próximo, a las 6 de la tarde, en la Catedral de La Laguna, tendrá lugar la despedida oficial de D. Felipe como Obispo de nuestra Diócesis. Les exhorto a todos a participar en esta celebración de acción de gracias por el fecundo ministerio del que hasta ahora ha sido nuestro Obispo.

Desbordado aún por la sorpresa, pero pasado ya el primer susto, quiero decirles que me llena de gozo sentirme llamado por el Señor a participar en la plenitud del sacerdocio de Cristo y a ser sucesor del ministerio de los Apóstoles, de aquellos mismos a los que Jesucristo dio la misión de predicar el Evangelio. Sin embargo, al mismo tiempo, me siento con “temor y temblor”, como decía San Pablo. Sí, me siento seriamente preocupado porque la misión que se me confía es -con mucho- superior a mis fuerzas.

No obstante, me consuela saber que es el Señor quien me pone “al frente de su pueblo” y, como le dijo a los Apóstoles, siento que también me dice a mí: no os dejaré solos, yo estaré con vosotros todos los días. Me conforta sentir que el Señor me dice, como a Pablo en Corinto: “No temas… porque yo estoy contigo” (Hech.18, 9-10). Por eso, estoy convencido de que “el que me ha llamado es fiel y es él quien lo realizará” (1Tes. 5,24). Como decía el Papa Benedicto XVI el día que fue elegido: “me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes”.

De todo corazón doy gracias a Dios por la acogida que me estáis dispensando y por vuestras felicitaciones, que me hacen sentirme arropado. Ser de la propia diócesis, ser conocido por muchos, etc. puede facilitar las cosas en un sentido, pero también puede hacerlas difíciles en otro. Por eso, levantemos todos la mirada más allá de lo humano y pongámonos en la perspectiva de la fe.

Sólo desde la fe es posible “acoger a un obispo como obispo”, que es como hay que aceptarlo. Así que pidamos a Dios que nos dé mucha fe, y pidamos a Dios que envíe su Espíritu para que derrame sus dones sobre “este Bernardo que todos conocemos”, de modo que llegue a ser, un buen pastor según el corazón de Dios, a imagen de Cristo el Buen Pastor. Sí, hermanos, amigos, rezad por el futuro de nuestra Diócesis y rezad por mí todo lo que sepáis, para que con la ayuda de Dios llegue a ser:

Pastor y forma del rebaño,

luz para el ciego, báculo del pobre,

padre común, presencia providente.

Todo de todos.

Hagamos de este tiempo, hasta el 4 de septiembre, un “peculiar adviento del Espíritu”, en el que todos, como los Apóstoles antes de Pentecostés, bajo el manto protector de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles —invocada por nosotros como Ntra. Sra. de Candelaria, patrona de las Islas Canarias, y las patronas insulares Ntra. Sra. de las Nieves, Ntra. Sra. de Guadalupe y Ntra. Sra. de los Reyes— perseveremos con ella en oración a la espera de la efusión del Espíritu en la Ordenación Episcopal.

Finalmente, ante la imposibilidad de invitar a cada uno personalmente, desde aquí les invito a todos a mi Ordenación Episcopal y Posesión Canónica de la Diócesis, que tendrá lugar en la Catedral de La Laguna (Iglesia de La Concepción), el 4 de septiembre de 2005, a las 6 de la tarde.

Con mi gratitud y afecto, recibid un cariñoso saludo de vuestro Obispo Electo,

 

Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Electo Nivariense