Hoy es Viernes Santo

14 de abril de 2006

 

 

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Los cristianos celebramos en este día la Pasión, Muerte y Sepultura de Nuestro Señor Jesucristo. Mediante la contemplación, la reflexión y la oración actualizamos vitalmente nuestra fe en torno a un aspecto central de nuestro credo; con la celebración del Viernes Santo proclamamos solemnemente: “Creo en Jesucristo, Hijo Único de Dios, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado”.

 

Es, por tanto, el Viernes Santo un día para reconocer, celebrar y proclamar que Cristo entregó su vida en la cruz por nosotros y por nuestra salvación; como nos dice San Pablo en su cartas: “Cristo nos amó y se entregó por nosotros”, o “Cristo amó a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella”, y lo afirmaba hasta en primera persona: “Cristo me amó y se entregó por mí”.

 

El Viernes Santo es un día para hacer memoria y meditar todo lo que Jesús padeció hace dos mil años en las últimas horas de su vida; todo eso que leemos en los relatos del Evangelio y que con tanto realismo se representa en los miles de pasos procesionales que en este día recorren las calles y plazas de nuestros pueblos en toda España. Todo esto es muy hermoso y tiene un gran valor como expresión de fe y devoción a Cristo crucificado y a su Madre la Virgen María, contemplada en su dolor al pie de la Cruz. Con su profundo sentido religioso, las procesiones estimulan la fe de muchos cristianos, son un testimonio público de fe en medio de una sociedad secularizada y secularizante, e incluso son anunciadoras de Cristo para los que no creen. Desde aquí quiero felicitar y agradecer el esfuerzo de los miles de católicos que  en nuestra Diócesis mantienen vivas estas manifestaciones religiosas en la calle.

 

Pero el Viernes Santo no se reduce a los desfiles procesionales, ni siquiera son éstos lo más importante, incluso aunque en algunas parroquias ocupen la mayor parte del tiempo. En muchísimos lugares del mundo no hay procesiones en este día y, sin embargo, eso no impide que se celebre el Viernes Santo con gran hondura espiritual. En nuestra propia Diócesis hay muchos lugares, sobre todo en las parroquias nuevas de nuestras ciudades, donde no hay procesiones, pero los cristianos se congregan igualmente para celebrar la Pasión y Muerte del Señor.

 

En la celebración del Viernes Santo lo más importante es participar en el significado profundo que la pasión y muerte de Cristo tiene para nosotros y para el mundo entero. No basta recordar que Jesús padeció, murió y fue sepultado, sino que es necesario reconocer y proclamar con fe viva que “Cristo entregó su cuerpo y derramó su sangre por nosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”. Así se comprenden algunas oraciones propias de este día: “Te adoramos ¡oh Cristo! y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo” y también aquella otra que dice: “Bendita y alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz”. Bendecimos la terrible tragedia de la pasión y muerte de Jesucristo porque ha sido en nuestro favor.

 

Ciertamente, los cristianos creemos que “Cristo murió por nuestros pecados”. Por eso, ante la pasión y muerte del Señor estamos llamados a sentirnos cómplices-culpables, partícipes y beneficiados.

1.      Hoy es un día para mirar a Cristo crucificado y sentirnos “culpables”: por también nosotros hemos contribuido a los padecimientos Cristo con nuestros pecados personales y sociales, porque cada vez que hemos maltratado a cualquier persona de palabra, de obra, o simplemente no ayudando a quien nos necesita. Por eso el Viernes Santo es un día para pedir perdón a Dios por el mal que hemos hecho.

2.      Hoy es un día para mirar a Cristo crucificado y sentirnos “partícipes” de su pasión: porque también nosotros sufrimos, como padeció Cristo, el desprecio de los demás, los insultos y calumnias, el dolor de la enfermedad y la muerte de un ser querido, y tantos sufrimientos que muchas veces rodean nuestra vida. Ante la experiencia del dolor, el cristiano une sus padecimientos a los de Cristo y los ofrece con El por la salvación del mundo, porque sabe que “si con El sufrimos, reinaremos con El”, como nos enseña San Pablo.

3.      Hoy es un día para mirar a Cristo crucificado y sentirnos “beneficiados”: es decir, salvados por la pasión de Cristo. Al decir que Cristo murió por nuestros pecados, no sólo afirmamos que fue a causa de nuestros pecados, sino también para liberarnos del pecado. “Su heridas nos ha curado”. Por eso la celebración del Viernes Santo, es también un canto de alabanza y gratitud a Jesucristo: “Te adoramos ¡oh Cristo! y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Para celebrar todo esto con verdad la Iglesia nos ofrece, el Viernes Santo, una liturgia diferente, austera, sin misa, sin solemnidad, pero con profundo significado, que se desarrolla a través de cuatro momentos que nos permiten unirnos personalmente a Cristo y acoger, hoy, la salvación que El nos ofrece:

  1. La contemplación de Cristo en su pasión y muerte, mediante la lectura de la palabra de Dios en la Biblia.
  2. La oración universal, en unión con Cristo, por la salvación de todos los hombres.
  3. La veneración de la cruz de Cristo, señal del Cristiano porque en ella fuimos salvados.
  4. La comunión del cuerpo de Cristo (con las hostias consagradas el Jueves Santo), que es participación en su muerte y resurrección.

 

Viernes Santo: Cristo murió por nuestros pecados y fue sepultado. Pero la fe también nos dice que resucitó al tercer día y vive para siempre. Por eso, creemos que el agua y la sangre que brotaron del costado de Cristo en la cruz, sigue brotando hoy, a través de los sacramentos de la Iglesia, como una fuente permanente de salvación para cuantos creen El.

El mismo Cristo lo dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí». Así que estamos todos invitados a sacar agua con gozo de la fuente de la Salvación.

 

 

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense