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¡ES NAVIDAD! “ACUÉRDATE DE JESUCRISTO” |
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La palabra “Navidad”
(del latín nativitas-atis), según el Diccionario de Por otra
parte, la misma palabra “Jesucristo” es el resultado de unir “Jesús” (que
significa salvador) y “Cristo” (que significa mesías y señor). El nacimiento
de Jesús ha tenido y tiene tanta relevancia, hasta convertirse en la NAVIDAD
con mayúsculas, porque el niño nacido de Decía el Papa Benedicto XVI el miércoles pasado: “Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene celebrar la Navidad? La celebración se vacía. Ante todo, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicción profunda y sentida, la verdad de la Navidad de Cristo para testimoniar ante todo la conciencia de un don gratuito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos”. Resulta extraño tener que decirlo, pero hay que hacerlo: “¡Es Navidad! Acuérdate de Jesucristo”. Estamos pendientes de todo (comidas, tarjetas de felicitación, regalos, celebraciones familiares,…), nos acordamos de los que están lejos, nos preocupamos de visitar a los mayores y a los enfermos, hacemos memoria de los que en otras navidades estaban con nosotros y ya han muerto… Todo eso está bien y ojalá siempre lo hagamos de todo corazón. Pero, también “acuérdate de Jesucristo” si quieres que la NAVIDAD deje huella en tu vida y en la de los demás. Esta
ignorancia o indiferencia ante Jesucristo empezamos a percibirla en las
mismas formas que reviste actualmente la celebración de Sí, hay que
decirlo: “no te olvides de Jesucristo”, porque si Él permanece ignorado, o
desconocido en su verdadera identidad, el sentido de la NAVIDAD se desvanece
y los deseos de paz y felicidad que nos intercambiamos estos días se quedan
en fórmulas protocolarias y frases hechas, vacías de contenido y hasta de
sentimiento. Hablamos de la paz y la justicia, del amor y de la solidaridad,
pero como si fueran realidades que tienen consistencia por sí mismas o como
un premio de la lotería que se consigue por sorteo. La paz y la felicidad no
se construyen con deseos y palabras, por muy bonitas que éstas sean. Lo
importante es que el augurio de bondad y de amor que nos
intercambiamos en estos días llegue a todos los ambientes de nuestra vida
cotidiana. Esos
deseos se hacen realidad cuando las personas tenemos buen corazón y nos
tratamos como hermanos que se quieren. ¿Cómo tener un corazón así? ¿Cómo erradicar de nosotros la envidia, el egoísmo, el rechazo de los otros… que a menudo nos invade y domina? Ahí es donde entra Jesucristo. Para eso se ha hecho hombre: para librarnos del poder del mal, ese mal que se adueña de nuestros corazones y convierte nuestra vida en un infierno para nosotros y para los demás. De poco servirá hablar de paz, de amor, de solidaridad y de preocupación por los pobres, si nos olvidamos de acoger a Aquél que es nuestra paz y la fuente de todo amor. “¡Es Navidad! Acuérdate de Jesucristo”. Porque Él es la verdadera luz del mundo, que ha venido a iluminar a todos los que lo buscan sinceramente. Él es el Príncipe de la paz, que nos hace renacer como hijos de Dios, portadores de paz entre los hombres. Él es Dios con nosotros, que quiere que experimentemos, ya en este mundo, lo que será la alegría eterna en el cielo. Pido al Señor que abra nuestro
espíritu para que podamos entrar en el misterio de su Navidad. Pido al Señor
que la Navidad sea para todos la fiesta de la paz y de la alegría: alegría
por el nacimiento del Salvador, Príncipe de † Obispo Nivariense |
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