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LOS JÓVENES INMIGRANTES |
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En Actualmente, el incremento del número de
inmigrantes en España (más de 751.000 en el año 2007) despierta no pocos
interrogantes sobre este fenómeno de gran repercusión social con sus aspectos
positivos y negativos. Es evidente que los flujos migratorios hacia un
determinado país o región no pueden ser un proceso ilimitado. Tarde o
temprano se produciría un grave daño tanto para el lugar de acogida como para
los propios inmigrantes. Por eso, es muy importante que la administración
pública regule -y regularice- a las personas que pueden ser admitidas de
acuerdo con las necesidades y posibilidades que ofrece un determinado
territorio. Pero esta cuestión (nada fácil de resolver) no puede ser excusa
para cruzarnos de brazos y no hacer todo aquello que esté en nuestra mano
para ayudar a quien lo necesite, ya que la razón última para la acogida y
ayuda a las personas inmigrantes ha de ser siempre no tanto la situación
legal o jurídica, sino la igual dignidad de toda persona y sus derechos
fundamentales y, además, para un cristiano, el mandato del amor fraterno. En
este sentido van las reflexiones que les ofrezco en este breve artículo. Para esta ocasión el Papa Benedicto
XVI ha propuesto como tema de reflexión: “Los jóvenes migrantes” y ha escrito
un Mensaje en el que pone de manifiesto como “el amplio proceso de
globalización del mundo lleva consigo una necesidad de movilidad que impulsa
también a muchos jóvenes a emigrar y a vivir lejos de sus familias y de sus
propios países”. Esta es una realidad que a nuestras islas le toca de cerca. También
a nuestra tierra llegan jóvenes de distintos lugares del mundo, unas veces
con su familia y en otros muchos casos vienen solos. De éstos que no vienen
acompañados, como ya sabemos, muchos son menores de edad y están bajo la
tutela del Gobierno Autonómico en los distintos centros habilitados para ello
que, por cierto, están a tope de ocupación. Estamos acostumbrados a oír hablar de los
menores provenientes de África, pero no hay que olvidar el gran número de
jóvenes inmigrantes que viven entre nosotros y que no están en los centros de
acogida, bien porque ya son mayores de edad o porque —sin son menores— están
con algún familiar. Además, a estos jóvenes, propiamente dichos, hay que
añadir un gran número de niños y adolescentes que están en edad escolar y que
asisten a los colegios junto con los alumnos canarios y, en este sentido, hay
que alabar el esfuerzo que realizan los profesores para realizar su labor
educativa con alumnos de distintos países, ofreciendo caminos formativos de
integración apropiados a sus necesidades. Esta realidad de los jóvenes inmigrantes se da ampliamente
entre nosotros. En las escuelas, en los lugares de trabajo, en las
parroquias, en los centro de ocio,… nos encontramos con niños, adolescentes y
jóvenes inmigrantes. Están creciendo, se están educando, están trabajando en
nuestra tierra y aportando su capital humano al desarrollo y bienestar común
de todos los canarios. Seguramente muchos de ellos formarán una nueva familia
y se quedarán aquí para siempre, como en otro tiempo hicimos los canarios en
Cuba y Venezuela. Con su espíritu de superación y con sus valores culturales
están contribuyendo al progreso de nuestra tierra y podrán hacerlo mucho más
en el futuro si, ellos y nosotros, somos capaces de llegar a una convivencia
estable sin recelos mutuos, lo cual no es fácil para ninguna de las dos
partes, pues hay que pasar de una mentalidad de “acogida” y de “soportar su
presencia”, a una de “integración”, por la cual el extranjero se convierte en
ciudadano de pleno derecho y con los deberes correspondientes, aunque tenga
un origen, raza, cultura o religión diferente. No lo dudemos, también los
jóvenes inmigrantes son el futuro de nuestras islas. Por eso, porque constituyen ya una realidad palpable en
nuestro entorno, porque los jóvenes inmigrantes son personas frágiles y
porque son parte de nuestro futuro, estamos obligados a apoyarles en todo lo
que necesiten para su plena integración y desarrollo personal, pues en la
práctica muchos de ellos pasan por enormes dificultades. Todos: las
autoridades, la sociedad civil, el sector privado, En este campo † Bernardo Álvarez Afonso Obispo Nivariense |
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